El lugar de su morada

Dile a los hijo de Israel
Le dijo Dios a Moisés,
Una ofrenda para Dios
De su voluntad la daréis.
Y harás para mi un santuario
Como yo te mostraré,
Será llamado tabernáculo
Y en medio de ellos habitaré.
Cuando este tabernáculo
Por primera vez se erigió,
una nube sobre este
enseguida lo cubrió.
Moisés no podía entrar
Cuando esto sucedió,
Porque la gloria de Dios
Todo el tabernáculo llenó.
Una nube los acompañaba
Cuando era de día,
y columna de fuego en la noche
por si frío les hacía.

Cuando la nube se levantaba
Y a otro lado se movía,
El pueblo se desplazaba
Pues ella era su guía.
Pero este tabernáculo
Ya a ver no se volvió,
Cuando el pueblo de Israel
Del desierto salió.
Después el rey David
Un templo quiso construir,
Dios dijo lo hará su hijo
Por eso lo vas a ungir.
Cuando reinó Salomón
le permitió que lo construyera,
Pero no de cualquier forma
Si no solo a su manera.
Y a la manera de Dios
El templo se construyó,
Cuando este fue dedicado
La gloria de Dios cayó.
Aunque los cielos de los cielos
No lo pueden contener,
Un poquito de su gloria
En esta casa dejo ver.
Pero los principales sacerdotes
el pueblo y los que gobernaban,
la casa de Jehová con iniquidad
Y abominación la contaminaban.
Dios mandaba su palabra
Por profeta y mensajero,
Pero con burla y escarnio
Decían yo no la quiero.
Cuando los babilonios
la ciudad invadió,
Destruyó hasta el templo
Y esclavos los llevó.
Por menospreciar a Dios
Este pueblo la paso feo,
Pero llego palabra de aliento
Por medio del profeta Hageo.
Subid al monte por madera
Y la casa de Dios reedificad,
Pues allí Dios sobre ella
Él pondrá su voluntad.
La gloria de esta casa
Sera mayor que la primera,
Pero era más modesta
No había quien lo entendiera.
El pueblo se regocijaba
Al ver el templo levantado,
Aunque con el templo de Salomón
No había nada comparado.
La gloria del segundo templo
Mayor que del primero sería,
No era por lo mas grande
Ni por el oro que tenía.
Es que ya no era una nube
Que sobre el templo caería,
Es que en este templo
Algo sublime entraría.
A lo lejos se escuchaba
Una gran algarabía,
Al montado sobre el pollino
La gente así le decía:
Bendito el que viene
En el nombre de Jesús,
Después también gritarían
Crucifícale en esa cruz.
Cuando Jesús entro al templo
Su celo se despertó,
Diciendo mi casa de oración
¿En que el hombre la convirtió?
La manifestación de Dios en carne
En ese templo estaba,
Esa era la gloria postrera
De la cual el profeta hablaba.
Estando en ese instante
Ciegos y cojos sanaba,
Hosanna al hijo de David
La gente allí le gritaba,
Y de la gloria de Jesús
Ese templo se llenaba.
Pero ese templo también
Pasaría a la historia,
Tocaba buscar otro templo
Donde repose su gloria.
Pero no quería un templo
Hecho de manos de hombre,
Quiere morar en un corazón
Que este limpio y le honre.
Una vida que refleje
De Jesucristo su gloria,
Y aunque el enemigo lo ataque
Siempre viva en victoria.
Nuestro cuerpo es el templo
Donde Dios quiere habitar,
Pero no de cualquier manera
Lo podemos alojar.
Porque si nuestra casa
De pecado se contamina,
La Gloria del Espíritu Santo
Pronto se nos termina.
Y si alguien nos exhorta
No nos vayamos a molestar,
Es una alerta de Dios
Que el templo quiere cuidar.
El no quiere que su casa
Este hoy contaminada,
Porque viene el enemigo
Y ese con todo acaba.

(Eduard Hurtado hernández)

Imágenes tomadas de:
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